“El sueño era una casita, no se pudo”; el relato de migrantes tsotsiles deportados de Estados Unidos

Fredy Martín Pérez

“¡Ya valimos madre¡”, gritó Benjamín, un migrante nativo de San Juan Chamula, que con su hijo identificado como CG, fueron detenidos durante un operativo del ICE, a las 10:30 horas del 25 de junio.

“Ya ni modos”, dice convencido en una grabación que hace con su teléfono para alertarle a su familia que estaba rodeado agentes migratorios y policías.

Alza las manos en la cocina del restaurante de Pittsburgh donde trabajaba, cuando escuchó la orden, “¡Ey! Es la Policía, ven por acá”, pero ya si ninguna oportunidad para correr, se acerca a los oficiales para que lo esposen y es el momento que cierra la grabación.

Benjamín, como prefiere que le llamen el migrante, sin dar sus apellidos, llevaban dos años y siete meses en los Estados Unidos, tiempo en el que apenas empezaba a mandar dinero a su esposa para la manutención de sus seis hijos que había dejado en San Cristóbal de las Casas, municipio que captó 217 millones 603 mil 761 dólares, de remesas en el primer trimestre del año, de los 971 millones 383 mil 061 dólares que recibió Chiapas, en ese periodo, según el Banco de México (Banxico).

Durante la redada en ese restaurante, 14 migrantes de México y Guatemala, meseros, cocineros, lavaplatos y personal de limpieza, fueron detenidos.

Algunos de los migrantes hicieron un intento por evitar la detención, pero ya no tenían otra alternativa que entregarse.

Benjamín de 36 años de edad, deseó escuchar en ese momento, que el oficial de migración que hablaba español, les dijera que podían seguir trabajado, que solo era un operativo de rutina, pero no fue así, porque empezaron a esposarlos y encadenarlos de los pies, mientras les apuntaban con sus armas.

Se acercó al oficial que hablaba español, para pedirle que no lo separaran de su hijo CG, de 16 años. Tenían que estar juntos en la prisión y regresar juntos a México.

Cuando salió de la cocina, pudo ver con nostalgia la plancha donde preparaban los quesos fundidos, los tacos, las quesadillas y otros platillos mexicanos.

Se quitó los guantes negros de nitrilo, que se había puesto unas horas antes al iniciar su jornada laboral y los tiró al suelo.

El adolescente CG recuerda que cuando vio entrar a los policías, uno de ellos los amenazó mientras los apuntaba con su arma: “Manos arriba cabrones”.

“Pensamos que no iban a hacer nada, pero de repente subió un policía, un güero y pues nos apuntó con un arma, nos pusimos las manos arriba y pues a quedarnos quietos ahí, sin hacer nada más”.

“Sentí miedo, pensé en mi familia; nos esposaron y preguntaron por nuestros nombres”.

El operativo lo habían encabezado agentes de la oficina del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), de la oficina de Filadelfia, pero habían llegado agentes del HSI, del Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés), de la DEA y FBI.

Los migrantes subieron a los vehículos. Benjamín pudo ver desde el vehículo por última vez su centro de trabajo.

Encadenado de los pies y esposado, sintió tristeza al recordar el tiempo que laboró en el lugar.

Durante el operativo, Benjamín estaba al borde del llanto, porque estaba convencido que le habían arrebatado el trabajo de ayudante de cocinero, oficio que aprendió al de otros migrantes.

El oficial que hablaba español les comunicó a los 14 migrantes, que los llevarían a un centro de detención, donde permanecieron recluidos algunas horas, mientras los investigaban para conocer si tenían delitos.

“Los policías creen que todavía podemos escapar de la mano de ellos, pero ya no se puede hacer nada”, suelta.

Ahí en la prisión, el chiapaneco pudo ver por última vez a sus compañeros de trabajo de Guatemala, con los que convivio.

Los centroamericanos fueron trasladados vía aérea a su país, mientras que los mexicanos hicieron la ruta que va de Pensilvania a Houston y de Houston a Ciudad Juárez y finalmente de Ciudad Juárez a Ciudad de México y Ciudad de México a Tuxtla, en Chiapas.

Después del operativo, el dueño del restaurante Tepache Mexican Kitchen & Bar, ubicado en el municipio de Marshall, sobre la Freeport Rd, a unos 300 metros de la ribera del río Allegheny, pidió ayuda a los grupos de activistas que están en contra de las redadas contra migrantes.

Miembros de la Casa San José, que apoyan a la comunidad latina, montaron guardia en el negocio y otros se plantaron en el centro de reclusión donde permanecían Benjamín y CG, pero nadie los escuchó.

El activista Javier Martínez cuestionó la detención de los migrantes. “No se trata de seguridad, se trata de crueldad (contra los migrantes). El gobierno de EEUU justificó que el operativo que derivó en el arresto de 14 personas, porque no tenían papeles para su estancia en esa nación.

Cuando los mexicanos llegaron a Ciudad Juárez, el gobierno federal entregó a cada uno de ellos, dos mil pesos para que pudieran trasladarse a su lugar de origen.

Todo su equipaje cabía en una pequeña bolsa de plástico. En Pittsburgh, Benjamín había dejado fotografías, ropa, zapatos, aparatos eléctricos y muchos recuerdos.

Por fortuna, en el centro de reclusión les dieron ropa limpia y zapatos. El chiapaneco anhelaba continuar trabajando en los Estados Unidos.
Quería mandar dinero para remodelar su casa que tiene en San Cristóbal de las Casas, donde llegó aún niño en 1996, con sus padres, al ser expulsados de San Juan Chamula, por problemas religiosos.

“El sueño era sacar en adelante a la familia, tener algún terreno o una casita, vivir con la familia. De todos modos, en Estados Unidos no podemos quedarnos para siempre. Uno tiene que regresar a su país, pero con algo. Lo que uno sueña para llegar hasta allá es lo que todos queremos, pero lamentablemente pues no se pudo”

En Ciudad Juárez, los tzotziles se despidieron del grupo de deportados mexicanos con los que entabló amistad en el restaurante de comida mexicana.

Algunos se quedaron en esa ciudad y otros tomaron hacia Tijuana, porque dijeron, harían de nuevo el intento de entrar a EEUU, aún con las penalidades a las que se enfrentarán.

Benjamín llegó a Filadelfia, procedente de Florida, donde dejó de laborar casi un año, entre el 2023 y 2024, por miedo a las políticas migratorias que implementó el gobernador Ron DeSantis.

Debía casi 500 mil pesos mexicanos, por el pago del coyote que le ayudó entrar a los EEUU y la deuda que contrajo para traer a su hijo CG desde San Cristóbal de las Casas, hace 11 meses.

El muchacho había llegado en agosto del 2024 a Pittsburgh. “Apenas terminé de pagar la deuda”, se sincera el chiapaneco.

En Tepache Mexican Kitchen & Bar, los cocineros mexicanos y guatemaltecos preparaban la comida mexicana como pechugas a la plancha, burritos ahogados, los tacos dorados y tacos de res, quesadillas, cocteles de camarón, la tradicional Chimichanga, una tortilla de harina crujiente rellena de proteínas que el comensal elegía, con un queso exclusivo, acompañada de lechuga, pico de gallo, crema y arroz mexicano, también los camarones salteados a la parrilla, con chipotle y cebolla roja.

“Se preparaba de todo”. “Yo estaba de cortador de verdura, de la que ocupan los plancheros.

Fileteábamos lo que es la carne, lo que es la pechuga de pollo, se hacía las fajitas de pollo, se picaba la cebolla, se hacía los nopales, eso era mi oficio”, narra Benjamín.

Por una jornada de ocho horas al día, obtenía mil 500 dólares a la quincena, dinero que usaba para pagar la estancia que rentaba con su hijo, para comprar alimentos y otras necesidades que surgían.

Recién había empezado a mandar dinero a su esposa, para la manutención de sus seis hijos que dejó en San Cristóbal de las Casas.

En el 2020, contagiado por sus familiares y nconocidos que se iban a Estados Unidos, que en pocos años podían construir una casa de dos y tres plantas, Benjamín decidió pedir dinero prestado, para pagar a un coyote para que lo cruzara hacia EEUU.

Después de caminar varios días por el desierto, sin problemas, logró llegar a Tampa, Florida donde trabajó algunos meses, pero después del huracán Ian, en septiembre del 2022, supo que en Pensilvania, podía encontrar trabajo.

Se asentó en Pittsburgh donde fue contratado en el restaurante mexicano.

A nueve días de su detención, Benjamín lamenta que no haya tenido dinero para contratar un abogado para evitar su deportación a México. No tenía los ocho o diez mil dólares que se requieren para pagar los honorarios de un abogado y el pago en la Corte.

No le quedó otra opción que aceptar que él y su hijo fueran deportados.
A los migrantes que aún permanecen en EEUU, Benjamín les desea suerte. Les pide que resistan ante los operativos del ICE. “Ánimo a los que siguen allí todavía, pues le deseo suerte y que le echen muchas ganas. Esperemos que Donald Trump salga pronto de la Presidencia”.

El chiapaneco recuerda que, en noviembre del 2024, cuando Donald Trump ganó la presidencia de EEUU, él había cumplido dos años de haber llegado a ese país, movido por la falta de trabajo en San Cristóbal de las Casas. Fue en ese momento que sintió que su sueño se había terminado. “Y es ahí donde empieza a terminar nuestro sueño, nuestro sueño americano.

Lo que uno lleva en mente, lo que uno quiere hacer”. Le duele que Trump arremeta contra los migrantes mexicanos y de otras nacionales que solo llegan a trabajar a EEUU y que no quieren quedarse a vivir definitivamente en esa nación. “Y como vuelvo a decir: no somos delincuentes para que nos tengan prisioneros, no matamos a nadie”.

“No somos asesinos. Solo queremos luchar por el bien de nuestra familia”, sostiene.

Donald Trump criminaliza a los migrantes, porque para él, “somos delincuentes por pisar Estados Unidos, pero somos gente, somos los mismos hijos de Dios”, sostiene Benjamín.

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GabyCoutino

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