Por: Fredy Martín Pérez

Comitan de Domínguez, Chiapas 20 de Febrero.- El 3 de junio de 2024, cuando Chiapas despertó con la certeza de los datos duros —aquellos que confirmaban a Eduardo Ramírez Aguilar como gobernador electo—, doña Naty, su madre, se levantó como de costumbre. Casi al amanecer, con el apoyo de su hijo Antonio y sus trabajadoras, abrió las puertas de la tienda sobre la Calle Central, a escasos 20 metros del mercado 1º de Mayo, repitiendo un gesto que sumaba ya más de tres décadas.

Aquel lunes, mientras los primeros rayos de sol trepaban por el tejado del templo de Santo Domingo, doña Naty se acomodó en su silla, a dos metros de la entrada.

Estaba en su elemento, rodeada de paquetes de cobijas, comales, machetes, rebozos, gabachas y huaraches.

Una vida entre mostradores

Doña Naty abrazó el comercio desde los siete años. Sin embargo, fue en la década de los 60 cuando fundó, junto a su esposo, la emblemática tienda “El Baraterito”.

El local original se ubicaba en la 2ª Avenida Oriente Sur, un punto privilegiado entre los dos mercados del pueblo. Fue hasta inicios de los noventa cuando se mudaron a la Calle Central, buscando la cercanía del mercado 1º de Mayo.

El 14 de marzo de 2023, el entonces senador anunció que su madre cerraría las puertas del negocio:

“Hoy decide poner fin a su vida laboral cerrando las cortinas del antiguo Baraterito, agradeciendo a la clientela que hizo próspero este comercio por tantos años”, expresó su hijo.

Pero doña Naty se resistía a la quietud. Aunque en videos admitía con tristeza que “ya había llegado el tiempo de retirarse”, su espíritu comerciante la mantuvo en pie, incluso tras el doloroso fallecimiento de su hija Rosy, en abril de ese mismo año.

El rito de la vitalidad

La tienda era su refugio desde que sus hijos Joaquín, Jesús y Eduardo partieron a estudiar a Puebla.

Tras el anuncio de jubilación en 2023, ella siguió abriendo, quizás con menos constancia, pero con la misma devoción.

Aquel lunes 3 de junio, doña Naty recibió el triunfo de su hijo en su mostrador. Entre felicitaciones de comerciantes y amas de casa, el pueblo le recordaba que Eduardo era ya el gobernador número 112 de Chiapas.

“¡Felicidades, doña Naty!”, resonaba con júbilo en el local donde solía charlar con su vecina, doña Clarita, y donde recibía las visitas diarias de sus hijos Alfredo y Joaquín.

Para ella, abrir el negocio que fundó con don Óscar Ramírez Blanco era más que un trabajo: era el motor que la renovaba. “Esa actividad la mantiene viva”, confesaba Eduardo Ramírez en enero de 2024, mientras preparaba su campaña. De hecho, durante sus seis años como senador, su único descanso real era viajar a Comitán: “Yo voy por mi mamá”, decía con orgullo.

El cierre definitivo

El 2024 concluyó con los primeros días del gobierno de su hijo, y doña Naty aún acudía a su “rito cotidiano” para recargar energía. Sin embargo, al llegar el 2025, la silla quedó vacía. Los comales y las cobijas desaparecieron; en su lugar, el verano trajo un negocio de ropa atendido por jóvenes y un frío cartel que rezaba:
“Deje sus bolsas en la entrada”.

El 20 de febrero, día de San Caralampio —el santo de su barrio, La Pila, a quien tanto rezó por la salud de sus hijos—, doña Naty expiró.
Su hijo Eduardo la despidió con un mensaje que cerró el ciclo de una vida de esfuerzo:

“Mi amada Naty, ya estás con mi papá Óscar y mi hermana Rosy. Gracias por tu ejemplo, fortaleza y entereza para sacar adelante a la familia”.

Hoy, Comitán despide no solo a la madre del gobernador, sino a la mujer que hizo de un mostrador su templo y de su trabajo, un motivo para vivir.

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