Por : Rafael Solís

¿Qué tan importante resulta la percepción en la sociedad, principalmente cuando las cosas no están como uno quisiera o cuando se siente que los problemas ya nos rebasaron?

Bajo esta perspectiva vale la pena analizar el dicho ¿Cómo me ven y cómo me veo? porque apunta a la distancia —a veces grande— entre dos miradas:

Cómo me ven, hablamos de la percepción externa —lo que la gente interpreta de tu conducta, tu forma de hablar, tu presencia, tus decisiones, tu reputación—.
Cómo me veo, se trata de la percepción interna —tu autoimagen, lo que crees que eres, tus intenciones, tus motivos, cómo justificas lo que haces—.

La idea central es que puedo tener buenas intenciones o una idea clara de mí, pero el mundo me lee de otra manera. Y esa diferencia importa porque afecta confianza, relaciones, autoridad, oportunidades… y también porque a veces yo mismo no me veo con objetividad.

Por ejemplo:
· Tú te ves directo y eficiente, otros te ven duro o poco empático.
· Tú te ves reservado, otros te ven distante o soberbio.
· Tú te ves seguro, otros te ven presumido.
En el fondo, el dicho invita a autoconciencia y ajuste, es decir, si quiero que mi mensaje llegue como lo pienso, debo considerar cómo se recibe; y si me importa crecer, debo contrastar mi autoimagen con retroalimentación real.

En ese sentido diríamos que la inseguridad, además de vivirse, también se interpreta —percepción—, cuyo componente incide en la gobernabilidad, en virtud de marcar rutinas, confianza en el Estado y determina la legitimidad de las estrategias de seguridad.

México muestra una paradoja porque la seguridad se enmarca en políticas con grandes despliegues institucionales, con percepción elevada y brecha de género.

Esto obliga a repensar el enfoque, no solamente en términos operativos, sino de seguridad ciudadana: legitimidad, prevención real, fortalecimiento civil y justicia efectiva.

Resulta inaplazable replantear la estrategia de seguridad: transitar de la seguridad pública a la seguridad ciudadana; la militarización, carga política y riesgos para los derechos humanos están vigentes y se necesita un cambio de paradigma —estrategia basada en evidencia y participación social—.

Datos duros
La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2025 —marzo y abril—, registra que el 75.6% de la población consideró inseguro vivir en su entidad federativa; 64.7% en su municipio y 40.5% en su colonia.

Además, la suma de los factores de vulnerabilidad, impunidad y cifra negra condicionan al ciudadano en su percepción de riesgo —sin resultados institucionales consistentes— y a mayor distancia de los espacios familiares el análisis —juicio de riesgo— se sustenta más en lo mediático. En esta cancha se suele presentar un panorama generalizado de criminalidad.

En 2024, 23.1 millones de personas mayores de 18 años fueron víctimas de algún delito, 93.2% de los delitos no se denunció o no derivó en carpeta de investigación —cifra negra—.

Brecha de género
En diciembre de 2025, 69.4% de las mujeres y 57.1% de los hombres consideraron inseguro vivir en su ciudad. Por espacio físico, la percepción se amplía: en cajeros automáticos en vía pública, 78.3% de mujeres reportó inseguridad contra 65.5% de hombres; para mujeres, el segundo espacio inseguro fue la calle (70.6%), mientras que en hombres destacó transporte público (58.4%).

Bajo esta perspectiva no solamente hablamos de un aspecto psicológico; la violencia sexual y otras violencias basadas en género cambian la perspectiva de riesgo, aunado al entorno digital porque forma parte del paisaje. El Índice de Paz México (IPM) 2025 señala el aumento del ciberacoso, y cita que, según el Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2021, 22.8% de las mujeres mayores de 12 años experimentó alguna forma de ciberacoso (9.7 millones).

Los lugares con mayor percepción de inseguridad son consistentes —ENSU diciembre 2025—: cajeros en vía pública (72.3%), calles (64.9%), transporte público (64.9%) y carretera (58.9%): espacios de movilidad y exposición, considerados relevantes porque son de traslado y cobro —percepción más sensible a asaltos, extorsiones, presencia de armas, y la expectativa de impunidad—.

Cambio de hábitos

La percepción se vuelve palpable cuando modifica conductas —cambio de hábitos—. La población dejó de hacer actividades por miedo a ser víctima de delito; por ejemplo, permitir que menores salieran solos (62.6%), salir de noche (46.4%), usar joyas (44.9%), llevar dinero en efectivo (44.7%), entre otras restricciones —ENVIPE 2024—.

Es decir, la inseguridad como restricción de libertades —movilidad, convivencia, vida nocturna, autonomía infantil— y como impuesto informal —tiempo, rutas más largas, transporte más seguro, rejas, vigilancia, etcétera—.
La percepción no es irracional, percibe señales objetivas —delitos, desapariciones, disputas criminales—; institucionales —capacidad de respuesta—, y simbólicas —lo que se narra y viraliza—:
Impunidad y cifra negra. Si 93.2% de delitos no se denuncia o no llega a carpeta de investigación, la sensación de no pasa nada se vuelve estructural.

Desconfianza y costos de denuncia. En ENVIPE, la principal razón para no denunciar es la pérdida de confianza en la autoridad (14.0%).
Delincuencia organizada y control territorial.

El IPM 2025 advierte, incluso, el uso creciente de redes sociales para destacar estilo de vida, grupos criminales e influenciar a jóvenes.

Violencias que alteran la vida diaria y que suelen tener alto subregistro son la extorsión, robos, amenazas y desapariciones. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) en el periodo 2010–2024 se contabilizan 300 mil 304 personas desaparecidas, de las cuales 33.78% no están localizadas (101 mil 453) y 66.22% fueron encontradas (198 mil 851).
Jorge Ramírez Plascencia, doctor en ciencias sociales y profesor e investigador en el Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara, sostiene que a pesar de tener una gran crisis de personas desaparecidas, México tendría que registrar al menos el doble de reportes, casi 80 mil anuales, para alcanzar siquiera las tasas de España y Argentina, esto en referencia a 2024.

Se coincide entre académicos y activistas que existe subregistro, pero no se estima una cifra negra específica para ese delito. Pero tomando el argumento de Ramírez Plascencia, la cifra de desaparecidos en México en el periodo 2010–2024 sería lo doble de 101 mil 453 personas; es decir, 202 mil 906.
Inseguridad ciudadana vs. percepción
Cuando la perspectiva atemoriza se desborda la tensión y hablamos de la inseguridad ciudadana vs. percepción.

Habrá mejoras en ciertos indicadores; sin embargo, persistirá o subirá la percepción. El IPM 2025 muestra que el miedo a la violencia —personas que consideran inseguro su estado—, alcanzó un máximo en 2018 (79.4%) y bajó gradualmente a 73.6% en 2024; lo que sugiere que la percepción no sigue en automático a la incidencia registrada, aun con niveles de paz, que, relativamente sean mejores.

Por otro lado, el IPM analiza el costo macro: el impacto económico de la violencia fue de 4.5 billones de pesos en 2024 (18% del PIB), y el gasto en seguridad pública y justicia penal equivalió a 0.7% del PIB.

Bajo esta perspectiva los medios tradicionales y las redes sociales juegan un papel preponderante; es decir, la percepción suele crecer a la distancia —municipio/estado—, donde la gente depende más de lo que escucha y ve.

El IPM 2025 subraya ese papel desproporcionado de los medios en la formación del miedo cuando se evalúan riesgos fuera del entorno.
Además, en redes sociales operan tres factores:
Viralidad del evento violento —videos, audios, alertas en WhatsApp—, que intensifican la sensación de cercanía del riesgo.

Economía de la atención: lo extremo desplaza lo rutinario —las mejoras graduales rara vez empatan con un hecho impactante—.
Propaganda criminal y reclutamiento: la exhibición de poder y estilo de vida funciona como narrativa de dominación y el IPM documenta el uso creciente de redes con ese fin.
Perspectiva de gobierno
Reportes oficiales sugieren la reducción en homicidio doloso entre septiembre de 2024 y abril de 2025, y posteriormente hasta octubre de 2025.

Sin embargo, la sociedad aún no lo percibe. La ciudadanía no es optimista: en diciembre de 2025, 33.7% consideró que la delincuencia e inseguridad en su ciudad seguirá igual de mal y 25.6% que empeorará en los próximos 12 meses.

Entonces, en contraste, no es datos vs. emoción, sino resultados parciales vs. experiencia cotidiana: si bajan algunos indicadores de alto impacto, pero la gente sigue ajustando su vida —no salir de noche, restringir a menores, evitar cajeros, etcétera—, la percepción no cederá, con todo y la Estrategia Nacional de Seguridad Pública 2024–2030, que articula cuatro ejes: atención a las causas, consolidación de la guardia nacional, fortalecimiento de inteligencia e investigación, y coordinación en el gabinete y con entidades federativas.

Qué complicado.

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