Por: Rafael Solís
Buscando un poco de información relacionada con la situación económica, política y social de nuestro país, a propósito de la asignatura “Seguridad Pública y el Estado de Derecho I”, del doctorado en Seguridad Pública y Derechos Humanos, encontré algunos apuntes, de diferentes autores, que me llamaron la atención, porque sostienen que México atraviesa un proceso de concentración del poder y debilitamiento institucional que, a juicio de ellos, ha derivado en una regresión democrática.
Desde esa perspectiva, se afirma que los recientes gobiernos forman parte de una misma continuidad política caracterizada por la militarización de la vida pública, el debilitamiento de los contrapesos constitucionales, la subordinación de órganos autónomos y la afectación de la división de poderes.
Uno de los ejes centrales es la idea de que este escenario no surgió de manera espontánea, sino estructurada y que fue anticipado desde años atrás. Para sostener esa afirmación, se hace un recuento cronológico de diversos artículos publicados entre 2017 y 2023, en los que se advierten riesgos como la captura del árbitro electoral, la presión sobre el Poder Judicial de la Federación (PJF), el fortalecimiento de una lógica autoritaria en el ejercicio del poder, la militarización de la seguridad pública y la cercanía política con regímenes latinoamericanos de corte no democrático.
Asimismo, se cuestiona la falta de reacción oportuna de distintos sectores de la sociedad, incluidos ciudadanos, medios de comunicación e intelectuales, frente a señales evidentes. En ese sentido, no solamente se formula una crítica al poder político, sino también a la indiferencia, tolerancia o complacencia social ante el deterioro de la democracia.
Bajo este aspecto, me parece que el análisis tiene como propósito demostrar que la situación actual del país responde a un proceso gradual, previsible y previamente advertido, cuya perspectiva —propositiva—, comparto totalmente.
Tesis principal
México ya no vive una democracia plena, sino un régimen con rasgos dictatoriales, advertido desde la militarización del país, la censura, la subordinación de órganos autónomos y la destrucción del equilibrio entre poderes. La continuidad del gobierno actual del mismo proyecto político autoritario dibuja una ruta previsible de concentración del poder, cuyas acciones responden a una lógica de control político, no de fortalecimiento democrático.
Deterioro institucional
Uno de los ejes más importantes es la denuncia de la captura o sometimiento de instituciones clave, como:
· PJF.
· Instituto Nacional Electoral (INE).
· Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
· Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
El golpe más grave es la “muerte” del PJF, porque simboliza el fin de la división de poderes.
Militarización de la vida nacional
La militarización es uno de los signos más evidentes del autoritarismo, porque el uso creciente de las Fuerzas Armadas en tareas civiles y de seguridad forma parte del proceso de concentración del poder.
Recuento de advertencias previas
El riesgo era evidente porque muchos artículos publicados entre 2017 y 2023 así lo advertían:
· Riesgo de fraude o manipulación electoral.
· Sometimiento del PJF.
· Captura del INE y del TEPJF.
· Militarización.
· Afinidad con gobiernos autoritarios de América Latina.
Comparación con regímenes latinoamericanos
El rumbo político de México con las dictaduras o gobiernos autoritarios de Venezuela, Cuba, Nicaragua y otros países del continente sigue un patrón ya conocido en la región —antidemocrático—.
Cuestionamiento a la sociedad, intelectuales y medios
Otro rubro central es la crítica a amplios sectores sociales: la pasividad, ceguera o complacencia de ciudadanos, intelectuales y periodistas, a quienes se reprocha no querer ver las señales de autoritarismo cuando aún podían frenarse.
Cierre moral y político
El problema no fue la falta de señales, sino la negativa a reconocerlas. El mensaje final es que sí era posible prever el rumbo del país y que hoy se pagan las consecuencias de no verlo a tiempo. México vive una deriva autoritaria anunciada desde hace años, marcada por militarización, captura institucional y descomposición democrática.
Entonces, pienso que efectivamente México atraviesa un proceso de deterioro democrático que termina en una forma de dictadura impulsada por partidos políticos hegemónicos y continuada por el actual régimen, cuyo desenlace no debería sorprendernos, porque desde hace años existían señales claras de autoritarismo, militarización, debilitamiento institucional y concentración del poder.
Qué complicado.
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