Entre el “humanismo” y la sala de urgencias

Rafael Solís

Hay una línea que separa la propaganda de la política pública: la vida cotidiana. En México, esa línea se volvió dolorosamente visible en tres frentes que no deberían coexistir en un país que presume “primero los pobres”: el desabasto de medicamentos —con rostro de niñas y niños con cáncer—, el resurgimiento del sarampión —una enfermedad prevenible por vacuna— y la expansión del gusano barrenador —un problema sanitario que ya rebasa lo pecuario y asoma a la salud pública—.

No es una suma de “incidentes”. Es el retrato de un Estado que, mientras administra un discurso humanista, tropieza con lo esencial: curar, prevenir, abastecer y responder con eficacia.

Niñez y cáncer: cuando el desabasto se vuelve sentencia

El cáncer infantil no admite pausas burocráticas. Cada quimioterapia que se pospone por falta de fármacos no es una estadística: es un retroceso clínico real. Y las denuncias se repiten en distintas entidades: madres y padres reportaron suspensión de quimioterapias por falta de medicamentos como asparaginasa, metotrexato, vincristina, etopósido y ciclofosfamida, entre otros.

El discurso oficial suele refugiarse en porcentajes de abasto. Pero la experiencia de pacientes y personal médico ha descrito una realidad de carencias persistentes —incluidas quimioterapias— pese a los mensajes gubernamentales de “casi 100%”. Cuando la narrativa choca con el mostrador de farmacia vacía, la palabra “humanismo” se queda sin contenido, pero, sobre todo, cuando envías ayuda humanitaria al régimen cubano, en el que se incluye ese fármaco del que México carece.

Sarampión: el regreso de lo que ya estaba vencido

México entró en una situación crítica por el brote de sarampión iniciado en 2025 y extendido a 2026. Reportes recientes consignan miles de casos confirmados y decenas de defunciones, con dispersión nacional y focos relevantes como Jalisco. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en paralelo, lanzó alertas epidemiológicas en la región ante el repunte histórico de sarampión en las Américas durante 2025, con México entre los países con casos y muertes reportadas, subrayando la urgencia de elevar coberturas con dos dosis —umbral operativo cercano a 95% para cortar transmisión—.

En términos políticos, el sarampión es una metáfora cruel: no vuelve por mala suerte, vuelve cuando fallan la prevención, la logística, la cobertura y la confianza pública.

Gusano barrenador: una alerta que ya tocó a humanos

El gusano barrenador del ganado no es solo un problema económico. En boletines sanitarios oficiales se documentó que el primer caso en México se detectó el 21 de noviembre de 2024 y que, para el 15 de junio de 2025, se contabilizaban 2 mil 214 casos acumulados; incluso, se reportaron casos en humanos dentro del mismo corte. Para 2026, medios nacionales han dado seguimiento a nuevos reportes regionales y medidas de contención.

Cuando una plaga con implicaciones sanitarias cruza fronteras sectoriales —del campo a la salud pública—, el Estado debe mostrar capacidad de vigilancia, coordinación y reacción. Si lo que se percibe es improvisación, la confianza se erosiona otra vez.

La raíz: compras públicas, opacidad y la impunidad como costo fijo

Detrás de los anaqueles vacíos suele haber algo más que “falta de proveedores”: hay diseño institucional defectuoso, licitaciones mal armadas, distribución rota y, en el peor escenario, corrupción.

En 2025 se anuló una licitación de compra de medicamentos por irregularidades en el proceso; y en la reposición se reconocieron sobrecostos multimillonarios detectados y fallas que obligaron a “re-hacer” la compra. Organizaciones especializadas han señalado que, entre 2019 y 2025, el gobierno fue cambiando esquemas y operadores —Hacienda, UNOPS, INSABI, Birmex— sin estabilizar el abasto; y que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) documentó irregularidades en Birmex en ejercicios previos. Incluso, ya en 2026, investigaciones periodísticas han descrito limitaciones en la adjudicación de medicamentos para 2025–2026, alimentando la percepción de que la maquinaria no da el ancho para garantizar continuidad terapéutica.

Y cuando los escándalos llegan, el ciudadano común solo ve dos cosas: desabasto hoy y responsables difusos mañana. En ese espacio crecen la sospecha de desvío, la idea de que se protege a redes políticas, y la sensación de impunidad como norma.

Un régimen que “gana el relato”, pero pierde lo básico

Morena y su régimen han invertido capital político en un “humanismo” que se vende como superioridad moral. Pero el Estado no se evalúa por consignas: se evalúa por resultados medibles y por su capacidad para garantizar derechos.

Aquí el contraste es brutal:

Niñez con cáncer esperando lo indispensable.
Sarampión avanzando pese a ser prevenible.
Emergencias sanitarias que exhiben debilidades de vigilancia y coordinación.
Si el gobierno quiere sostener su discurso, tiene que hacer lo que cualquier política seria exige: transparencia total en compras y distribución; metas verificables de abasto y vacunación; auditorías con consecuencias; y un sistema de logística que funcione todos los días, no solo en conferencias. En otras materias ya hemos insistido en esa tríada —transparencia, evaluación y rendición de cuentas— como condición mínima de gobernanza.

La derrotada transformación

Un país no “se transforma” cuando cambia el eslogan: se transforma cuando un niño con cáncer recibe su quimioterapia a tiempo, cuando la vacunación vuelve a blindar comunidades y cuando los sistemas sanitarios detectan y contienen riesgos sin maquillarlos. Todo lo demás —el relato, la épica, la moralina— es humo. Y el humo, cuando se disipa, deja lo único que importa: vidas perdidas y responsabilidades sin pagar.

Qué complicado.

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