Chiapas ocupa el sótano del crecimiento económico respecto de las entidades vecinas, el saqueo permanente ha fomentado la expulsión de los pobladores, el control territorial y la influencia (ésta, otrora del EZLN) hoy los detenta el crimen organizado.

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, Chis.- La visión de desarrollo de Chiapas naufraga; no hay crecimiento económico -a diferencia de los estados que lo rodean- y se ve un estancamiento económico que se expresa con una migración hacia el norte.

Foto: Proceso/Foto

Éste es el análisis de Jorge López Arévalo, investigador de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), quien dice contundente que al estado no ha llegado la Cuarta Transformación. 

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En entrevista con Proceso, a propósito de los 30 años del zapatismo que se enclavó en Chiapas, López Arévalo enumera las diversas causas de ese estancamiento económico del estado; entre ellas, las características de su clase política. Lamenta que en la entidad los políticos “se hayan puesto la camiseta de Morena”; señala el saqueo de los recursos financieros, la falta de obra pública de impacto, la migración de los chiapanecos por falta de empleo bien remunerado y califica al EZLN como una organización de gran influencia hace algunos años, pero que ahora es casi de “carácter testimonial”.

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“Esto ha sido el acontecer prácticamente de 94 a la fecha: la economía no crece, incluso podemos decir, si hacemos un análisis en términos per cápita, que la tasa de crecimiento de la economía chiapaneca es negativa; lejos de converger con el país, diverge”, detalla. 

Saqueo

Esto ha pasado porque hay un saqueo permanente, “y lo puedes ver en que no hay obras de infraestructura importantes y significativas. En un periodo se hicieron algunas obras importantes, pero fuera de eso no ha habido nada, pequeñas obritas, pavimentar calles, domos que luego se caen”, refiere el doctor en Economía Aplicada por la Universidad de Compostela.

Chiapas, señala, “transfiere recursos a otras entidades del país que de alguna manera son ricas. Si lo vemos desde el punto de vista de la equidad distributiva del recurso, pues es lo correcto; pero vamos a suponer que un obrero de Nuevo León o de la Ciudad de México que paga sus impuestos está transfiriendo esos impuestos a las élites políticas de Chiapas. Entonces lo que vemos es un fracaso en el funcionamiento de la economía y esto se ve reflejado básicamente en los flujos migratorios”.

El profesor de la UNACH refiere que los chiapanecos son “los nuevos nómadas del país”, al mencionar que esta entidad es una expulsora de población que ha salido para asentarse en la Riviera Maya, en la frontera norte y en Estados Unidos, debido a la falta de crecimiento económico y, por ende, de nuevos empleos.

Aunque antes la situación fue muy distinta. “En el siglo XIX, a principios del XX, la entidad era una tierra de oportunidades, los flujos migratorios venían hacia acá, pero ahora es al revés. Incluso llegaron de Alemania, de Japón, de China, de Estados Unidos, de otros países; pero ahora es al revés y esto tiene que ver con que la economía no funciona; no crea empleos, y se puede ver fácilmente”.

El especialista precisa que Chiapas es un estado rentista que básicamente vive de la renta pública y la renta privada, “aquí hay transferencias crecientes del gobierno federal, y hay transferencias privadas a través de las remesas nacionales e internacionales”.

Las familias chiapanecas, agrega, viven prácticamente de las transferencias públicas o privadas. 

“En 2022, de acuerdo con la Encuesta Nacional de ingresos, la pobreza en Chiapas ha disminuido, pero la pobreza extrema no ha disminuido”. Y la explicación sobre la disminución de la pobreza está en las transferencias públicas y privadas, “no es porque la economía crezca, sino básicamente por la serie de programas sociales que existen y también por las remesas nacionales e internacionales».

Para el docente de la UNACH, ésta es una característica nueva, como el crecimiento de la violencia en Chiapas, que está asociado a ese fenómeno estructural: “Hay una especie de ejército delincuencial de reserva. En el marxismo se hablaba del ejército industrial de reserva, pero acá tenemos un ejército industrial de reserva que se puede ver en los que se van a trabajar a la maquila, a la industria maquiladora, a los sectores industriales o a la industria turística y así, pero también tenemos un ejército delincuencial de reserva que es el crimen organizado”.

A 30 años del levantamiento armado del EZLN, López Arévalo piensa que la política de contrainsurgencia al que lo sometió el gobierno federal funcionó “porque los han reducido a la mínima expresión”.

En su opinión, el EZLN nunca tuvo control territorial, “era una idea que también ellos vendieron, pero nunca tuvo control territorial. Tenía más o menos gente en algunos municipios autónomos, pero siempre convivían con gente que no era de ellos, entonces los mismos errores del EZLN seguramente hicieron que disminuyera su capacidad de convocatoria”.

Ahora están como una organización de carácter marginal y testimonial, asegura; no como lo que fueron en los noventa, donde se veían como una fuerza importante y una capacidad de convocatoria significativa que logró cohesionar a una buena parte de las fuerzas de izquierda del país. 

“Pero hoy no se ve eso, lo puedes constatar si recorres las comunidades; y mucho del territorio que anteriormente lo tenía el EZLN lo tiene ahora el narco. Ellos sí tienen control territorial; no es gratuito, tienen control territorial en regiones importantes del estado”.  

Economía sin perspectiva

Además, López Arévalo hace la observación de que entidades vecinas a Chiapas sí presentan crecimiento, de manera contrastante: “Oaxaca y Tabasco tienen obras de infraestructura del gobierno federal, el tren transístmico; está Dos Bocas en Tabasco, la refinería de Salina Cruz, el Puerto de Salinas Cruz, hay una importante inversión en obras de infraestructura importante, pero aquí en el estado prácticamente no hay nada”.

El Tren Maya que llega a Palenque, prosigue, “es un pedacito, nada que le beneficia, y también el tren transístmico”.

Recordó que, a fines de noviembre, el gobierno federal dio a conocer que en 2023 el sureste había crecido mucho más que el promedio nacional y que todas las regiones del país.

Según los datos presentados por el gobierno, el sureste ha crecido en un promedio de 6.4%, contra 3% que en promedio registra la economía nacional.

En el reporte, las cifras oficiales indican un crecimiento económico de 13.1 en Oaxaca; de 11.5% en Tabasco; de 8.2% en Quintana Roo y de 1.2% en Guerrero, así como de 5% en Campeche y Yucatán.

Pero en lo que se refiere a Chiapas el crecimiento está en el sótano de estos estados: un 0.8 por ciento.

“Si uno observa bien ese mapa que presentaron, el único que crece por debajo del promedio nacional es Chiapas, con 0.8%, lo que nos da una idea de que en términos per cápita es negativo, porque la tasa de crecimiento de la población en Chiapas es superior al uno por ciento, 1.3 más o menos, entonces en términos per cápita es negativo”.

Aunque el investigador señala que sí hay lunares de productividad, están en la región del Soconusco y en algunas otras microrregiones del estado, pero ya no generan los empleos que creaban anteriormente.

Relata que antes el café era un producto que generaba mercados de trabajo regionales y que se complementaba con la economía campesina, pero eso se rompió y la gente comenzó a emigrar.

“En Chiapas no se ve una Cuarta Transformación, acaso se verá una transformación de cuarta, al revés. Sigue lo mismo, las mismas caras, la misma clase política. Hay un transformismo político, se acuestan priistas y amanecen morenistas, panistas, verdeecologistas y luego morenistas”, expone.

Y termina:

“Como hay una desestructuración de los viejos partidos políticos tradicionales, ellos ven más viable afiliarse a Morena porque los otros partidos ya no tienen viabilidad, porque la narrativa del presidente se ha impuesto, y además la gente no quiere regresar a lo que había”.

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